domingo, 19 de abril de 2020

corazón removidisimo allá por el 2.016


(Recomiendo escuchar Vas a bailar de Ciro y los persas♥)

 ME DUELE. La ciudad me duele. No es un dolor físico, no es una puntada en el pecho ni un dolor de cabeza muy fuerte, no. Es una tristeza que nace desde adentro, que aparece cuando estoy contenta y oscurece tenuemente la visión de todas las cosas, sin importar lo que esté pasando o con quien, aparece en forma de un comentario inoportuno queriendo convertirse en un piropo incomodo sin previo pedido, de una situación cotidiana en la gran jungla de cemento; o simplemente en forma de algún vago recuerdo donde mi corazón se sentía libre corriendo por el Cerro Amigo, nadando en el lago Epuyen o acostado en el medio de la plaza Evita con el gran Piltriquitron luciéndose (pareciera) exclusivamente para mí.
 A veces el recuerdo de un pasado feliz perteneciente a esta selva que nunca duerme logra calmar mi cabeza, y entiendo que mas allá de todo cuestionamiento e imperfecciones que puedo encontrar muy fácilmente, este también es mi lugar, mi hábitat.
 En esta parte empieza una contradicción con lo anterior, que no va a ser corregida ortográfica ni gramaticalmente porque simplemente pienso escribir lo que me nazca del corazón, pienso dejarlo ser y expresarse libremente.
 Aunque esta es mi tierra porque acá esta anclada mi cabeza y mi historia; puedo comprender que mi corazón busque divagar por el mundo, porque soy parte de todas partes, como corre por mi historia, por la sangre de mis ancestros, dejando su tierra natal y yendo a una tierra mejor, a la gran tierra prometida de paz y prosperidad llamada Buenos Aires, una fabrica de sueños insulsos y vacíos que nunca llegan a cumplirse por el gran remordimiento que abunda en los corazones de sus habitante. ¡Ay, si solo pudieran apreciar la belleza de esta tierra y aprender a vivir en paz con ella! Así como sus corazones no pueden entender la maravilla de su lugar, el mio no puede aprender a ser feliz completamente estando acá, no puede no detectar la mala onda y las pocas expectativas, las prácticamente nulas ganas de soñar en grande, y la conformidad de las personas, que siempre están apuntadas a una jerarquía mas alta, como si todos sus problemas pudieran ser solucionados ÚNICAMENTE por un ser sentado en su silla presidencial, que no para de agradecer al gran pueblo argentino por haberle otorgado ese lugar, que te habla A VOS, como persona, cuando para el sos simplemente un numero mas entre el montón .
 No, mi corazón no puede ser ciego ante estas diferencias, no puede pensar que es lo mismo si alguien te mira a los ojos constantemente o si ni siquiera hace contacto visual mientras te habla; no entiende todavía como puede caminar sola a las 8 de la noche ser un peligro, y si algo pasa ser una  la culpable por no haberlo prevenido. No puede mi corazón ser indiferente ante el desprecio social a la vida que se respira y, personalmente creo que es mucho peor, se contagia. Porque siendo sincera, de tanto escuchar que la vida te golpea a mas no poder, que la actualidad es imposible de sobrellevar, que los locales no dejan de cerrar, que cada vez son mas las personas que están en disconformidad con el presente que ellos mismos crearon, que te hacen cuestionarte en tuyo también, y es muy raro no encontrarle un que otro rayón al borrador que tanto habías soñado y planificado para tu (en ese momento) futuro.
 Así es la ciudad, te da un lienzo para que puedas expresarte libremente dibujando y corrigiendo las veces y de la manera que quieras tus sueños, te da una tierra soñada (porque realmente, mi ciudad lo es), y te hace firmar un contrato, un contrato extenso sobre adaptación social, donde no hay explicaciones ante los artículos planteados (es cuestión de vivirlo y entender lo que decía).  Ah, y un plus, aprender a convivir constantemente con los sueños frustrados de los demás, que pareciera que buscan hacerte fracasar también en los tuyos, que olvidaron la importancia de cuidar lo que uno ama, que ya no recuerdan a la tierra como madre sino como fuente de trabajo, creyendo que todo lo que nuestra madre les brinda incondicionalmente es por mérito propio para ser explotado, y no como una obra de amor.
 Pero no crean que son todas las personas así, claro que no. Mientras escribo esto pienso en todas las luces que aparecieron en mi vida a lo largo de 20 años, y no puedo estar más orgullosa y agradecida por su paso en mi camino, por su enseñanza, su paciencia y entendimiento. Son esas personas que hacen que todo este cuestionamiento pierda un poco de sentido, porque aunque con muchas no compartamos el lugar de residencia, si compartimos el amor a la tierra, al lugar de donde salimos y donde pertenecemos, son con quienes comprendimos que uno no pertenece al lugar político de donde es, sino de todos los lugares donde el corazón es plenamente feliz, donde el alma, el cuerpo, el corazón y la tierra se unen y uno siente una fusión realmente inexplicable, simplemente les puedo decir que hay algo que te dice que sos de ahí, que ese lugar es para vos y que vos sos para ese lugar (ACLARACIÓN IMPORTANTISIMA: sentir esto no implica que vayas a vivir a ese lugar físico, porque es algo mágico que pasa en muchísimos lugares y depende del estado de tu espíritu y tu corazón en ESE momento).

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