¿Alguna vez les
pasó de ir a algún lado y sentir que estaba lleno de magia? Como si algo en ese
lugar les hiciera bien, como si los curara un poco, pero no una herida física,
sino una herida del alma.
Tuve la fortuna de
viajar a lugares increíbles, llenos de una energía única, y una belleza
inigualable, realmente alejados de todo, donde pude sentir mi alma completamente
en paz. Pero también pude experimentar ese alivio en la ciudad, donde nos
invade constantemente el ruido, la impaciencia, el encierro en uno mimo y
muchas veces el olvido del valor de la otra persona. Por esto mismo me puse a
pensar y llegué a la conclusión más obvia que encontré: no es el lugar lo que
nos produce serenidad o lo que nos genera un alivio completo, no es el lugar lo
que está lleno de magia, sino que son las personas con las que los compartimos,
son los seres que nos acompañan en ese camino hasta encontrar paz, incluso
muchas veces sin buscarla. No importa el camino que elijas, puede llenarte de
felicidad si lo recorres con las personas correctas.
Tuve el privilegio de encontrarme con gente
especial, llena de luz propia, muy fuerte y muy sincera, que se distingue por tener
esa magia (su magia), que aparece y da vuelta toda situación, que llega como un
remolino que se lleva las tristezas y te llena de su paz.
Tuve el agrado de encontrarme con gente que es
poesía, realmente lo es y no lo sabe. ¿Cómo puede alguien no darse cuenta del
bien que le hace al otro? ¿Cómo puede alguien dejarse vencer por el miedo y no
decirle a los demás lo que le generan y el bien que les hace su existencia? Todas
estas preguntas suelen aparecer ahora, cuando es tarde, cuando nos damos cuenta
que dejamos pasar las situaciones por no animarnos a sincerarnos con el otro,
incluso porque a veces ni siquiera lo estamos con nosotros mismos, y damos por hecho
muchas cosas, callando sentimientos asumiendo que el otro ya lo sabe o que no necesita
escucharlo. Pero ahora, hablando enserio y con el corazón completamente
abierto, ¿a quién no le agradaría saber que ayudó a alguien a ser completamente
feliz, a sentirse en paz aunque sea por un momento? Y no lo digo como un logro
propio, sino como una felicidad plena de compartir con el otro su encuentro con
su propia esencia.
Durante mucho tiempo quise volver a esos
lugares, esperando sentirme igual, convencida de que ese sentimiento iba a
volver a florecer como la primera vez. Hoy entiendo que no es cuestión de
volver al mismo lugar, así no funciona la vida, no va a haber una fuente a la
que vayamos cuando sintamos que realmente no podemos más, que ésta mochila pesa
y mucho, y que estamos a punto de largarla; y mágicamente la energía de ese
lugar nos va a aliviar. Los que realmente nos alivian son las personas que nos
ayudan y nos impulsan a llegar a esos lugares que tanto deseamos, son esos
compañeros que nos empujan desde atrás cuando no podemos seguir avanzando, y
abrazan fuerte cuando el invierno parece nunca terminar. Por eso es que no
importa el lugar, si tenés (como yo) la fortuna de cruzarte en la vida con poesía
disfrazada de gente, vayas donde vayas vas a encontrar tu esencia, tu YO más
puro y te juro que no hay nada más hermoso que compartir el camino con personas
así. Si las tenés, cuídalas y haceles saber el verdadero valor que tienen.
A todos los que me ayudaron a dar cada paso y
nunca me animé a decírselos: ¡¡¡¡GRACIAS!!!! ♥
